Confieso que esto salió muy tarde en la noche y producto de un pensamiento, quizás no muy correcto. Poco antes de dormir vi en Twitter un tweet de una persona que se quejaba que fue a un taller para que le hicieran el revisado anual de su automóvil, y que solamente le tomaron la correspondiente foto, pagó y listo. No revisaron si las lámparas estaban alineadas, igualmente si la dirección estaba bien, etc. El señor en su tweet hace mención a la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), y por lo visto quien maneja la cuenta de Twitter de la ATTT no trabaja los fines de semana porque no ha dicho nada, cosa que molestó al señor.
Mi primera reacción fue la clásica reacción panameña y pensé “oye qué sapo el tipo este, tras que no lo joden y le hacen su revisado rápido viene a sapiar al taller”. Sí, no lo niego, fue lo primero que se me vino a la mente. Luego cuando empecé a ver mejor la situación, y realizar que el tema es más complicado de lo que parece, me empecé a preguntar sobre la capacidad real del Estado y su rol como fiscalizador de varias cosas.
Ciertamente el Estado tiene que cumplir un rol fiscalizador. La pregunta es: ¿Qué tiene que hacer para realmente cumplirlo? En algunos casos es un tema de cantidad. Para fiscalizar ciertas actividades el tema se resuelve con tener un buen número de inspectores revisando si se cumple la norma. Tal como es el caso del señor que se queja del taller. Si la ATTT contara con un numeroso equipo de inspectores que se aparecen de la nada, los talleres deberían estar en regla con el revisado anual. Ah! Pero no es solo eso, también el funcionario que llega en calidad de inspector debe ser probo y honesto, porque es sabido que cuando se aparece un inspector enseguida llega la coima, y bueno como el inspector ese gana un salario marginal, lo más seguro es que la coima se vea mejor.
Lo curioso es que lo anterior sucede en todo el rol fiscalizador del Estado. No es fuera de lo común conversar con comerciantes y otros actores en el mercado local que dicen abiertamente que con un par de dólares, o con una cena gratis, un par de llantas, etc., se resuelven más rápido y más barato los problemas. En otros casos es un hoy por ti y mañana por mí, por ejemplo cuando son funcionarios que trabajan en instituciones que reciclan muchos de sus funcionarios con cada cambio de gobierno, sobre todo instituciones que regulan industrias o servicios. Hoy se hacen los pendejos para que mañana les tiren la toalla. Cinco años después y el ciclo comienza nuevamente.
Crear instituciones fuertes es un proceso complicado, pero Panamá tiene que buscar la forma de hacerlo y de forma tal que perdure. El Estado tiene que contar con reglas claras para sus funcionarios. Hoy escuchamos a muchos funcionarios que con cada cambio de gobierno le hacen la misa a Santa Marta para que llegue el cheque y no llegue la carta. Si cada 5 años hay que barrer con más de la mitad de una institución nunca serán sólidas. También los profesionales y técnicos necesarios para aquellas fiscalizaciones muy precisas deben ser bien remunerados, o por lo menos los bancos del Estado deberían ofrecer financiamientos blandos, o suficientemente blandos para facilitarles a los funcionarios un mejor estándar de vida.
Por último viene nuestro tema cultural, que realmente tenemos que cambiar desde adentro. El trabajo se tiene que hacer. Esa es la diferencia de sociedades en donde las cosas marchan mejor. En estas sociedades las personas están conscientes que todos tienen que cumplir con su trabajo, y que todo tiene que estar en orden para que las cosas marchen como debe ser. Aquí con tal que marche es suficiente y no nos exigimos más para no incomodar a nadie. Algo como lo que me pasó hoy. Fuimos a comprar un artículo que mi hija necesita para la semana. Al pagar no tenía efectivo y cuando saqué la tarjeta de crédito para pagar el artículo el cajero me dice que la máquina no pasaba por B/. 1.00. Yo le dije que eso era mentira y que la ley es clara, y que me tiene que recibir el pago porque el mínimo es B/. 0.01. Entonces fue que me dijo “sabes que es que no te la voy a pasar por B/. 1.00”. De ahí le dije que perfecto y que yo iba a notificarle a ACODECO.
Ese es el otro problema, aquí nos queremos pasar las normas por lo más noble. Sorry por mis amigos libertarios, pero aquí no podemos pretender vivir en un sistema donde cada quien hace lo que le da la gana, so pretexto de libertad o que el mercado se auto regule en su justa dimensión. Eso ya se intentó y creo que no funcionó.
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