Sunday, September 8, 2019

INVASION – 25 AÑOS DESPUÉS

La invasión de los Estados Unidos a Panamá, conocida también bajo el nombre de Operación Causa Justa (Operation Just Cause), se dio un 20 de diciembre del año 1989.  Lo recuerdo muy bien.  Tenía 15 años, estaba en el tercer año de secundaria, y me iba malísimamente mal en álgebra.  Recuerdo que esa semana había exámenes y el 19 me quedé estudiando como hasta las 10 de la noche.  Yo dizque me iba a despertar en la noche a ver Super Channel en la madrugada para ver películas eróticas, y bueno la historia fue totalmente diferente.

Para hablar sobre la invasión de los Estados Unidos a Panamá hay que recordar el momento que Panamá atravesaba en 1989.  Había un descontento general con el régimen militar que gobernaba el país.  Se sabía de un sinnúmero de violaciones a los derechos humanos.  Era conocido que las elecciones de 1984 y de 1989 habían sido manipuladas a favor de los candidatos oficialistas, tanto así que las de 1989 fueron canceladas.  Me hago eco de una estadística que vi hace poco donde apunta que 90% de la población apoyó la invasión en su momento, esto para indicar que la vasta mayoría de la población quería un cambio desesperadamente.

Hay quienes dicen que Panamá en 1989 era más seguro.  Creo que podía haber menos delincuencia, pero más seguro requiere hablar de seguridad y definir ese término correctamente.  En ese tiempo había más temor a los abusos de un policía, que temor a ser asaltado.  Se tenía claro que si uno era oposición había mucho que perder.

De todos modos aquí quiero hacer un paréntesis.  En los últimos días he visto comentarios clasistas sobre ese momento histórico en Panamá.  Muchos dicen que el gobierno solo atacaba a la clase alta de Panamá y que no se metían con la clase media.  Otros dicen que los únicos que tenían miedo eran los que vivían en Punta Paitilla y Obarrio porque los Batallones de la Dignidad decían que allá es donde iban a ir a atrincherarse.  Eso no fue lo que yo vi y viví.  Aquí el temor era general.  Por lo menos donde yo viví por 38 años.  Entiendo de lo que he escuchado de otras personas que afuera de la capital se respiraba otro aire, pero aquí el aire estaba colmado en tensión.  Recuerdo que en muchas casas había 2 banderas.  Una de algún partido político que apoyaba al gobierno militar, y otra de algún partido de oposición, todo por el miedo de que si sucedía algo, había la oportunidad de esconderse bajo una de esas banderas.

Panamá quería volver a la democracia.  Los panameños queríamos libertad de expresión y muchas más.  Panamá quería elegir a sus gobernantes, pero el grupo que tenía el poder en Panamá no quería eso.  Querían continuar con el poder, y lamentablemente muchas personas preferían eso.  Todavía muchas personas siguen diciendo que preferían a un militar en el poder, con tal que fuera “pueblo”, a un rabiblanco mandándolos nuevamente.  Eso es algo que ningún documental, película, corto, etc., ha logrado exponer.

Entonces llegamos a esa madrugada nuevamente.  Igual que muchos me despertó el ruido de un helicóptero volando a baja altura y alta velocidad.  Luego fueron las explosiones del cuartel de Panamá La Vieja.  Todavía recuerdo cuando sonó el teléfono, que por cierto hasta recuerdo que era un teléfono con radio marca Lloyds que sería una reliquia ahora, y era mi Tía Chela que me gritó que levantara a mi mamá.  Fui donde mi mamá y la desperté y le dije que era Tía Chela en el teléfono, y luego que hablaron ella fue la que me dijo que encendiera el televisor y pusiera canal 8, que los gringos habían invadido, y que preparara un maletín con lo esencial.  Que en cualquier corredera íbamos a ir a un hospital, ya que en tiempo de guerra es lo único que se respeta.

Recuerdo que tuve que poner canal 8 en el televisor de afuera, porque era el único que estaba pegado a la antena.  Los demás tenían cable, y no se podía ver ni canal 8, ni CNN.  Enseguida confirmé que en efecto era la invasión, y le dije a mi mamá que lo mejor era apagar todo.

Tengo que aceptar que la invasión para mí fue tranquila.  No hubo tiroteos por donde vivo, a pesar de estar en el medio entre el cuartel de Panamá La Vieja y el entonces Hotel Marriott Caesar Park, dos lugares donde sí hubo enfrentamientos.  Siempre tuve luz eléctrica.  Dormí en aire acondicionado todo el trayecto.  Había comida en la casa, suficiente gas, el teléfono funcionó todo el trayecto.  Hablé con mi familia en los Estados Unidos, los cuales estaban más preocupados que nosotros.  En algún momento pude ver un AC-130 volando, Blackhawks habían por doquier, y un Apache sobrevoló por encima de mi calle, el cual disparó a algo y los casquillos cayeron encima del techo de un vecino haciendo una bulla infernal.  Cuando se regó la voz que los batalloneros iban a saquear de casa en casa, todos los vecinos hicimos la barricada y se guardó vigilancia por la noche en caso que fueran a venir.  Afortunadamente nadie vino.

Para navidad ya había quienes se aventuraban a salir.  Recuerdo que mi tío vino desde Colinas del Golf hasta nuestra casa.  Creo que nos trajo algo de comida que le habían regalado, y luego salimos por ahí a ver y tuvimos que regresar porque todavía las cosas estaban calientes.  Hay que admitir que los gringos nunca hicieron de policías.  No mantuvieron el orden público.  Por eso se dio el saqueo.  Todavía recuerdo esas imágenes de cientos de personas saqueando los comercios de Vía España y la Avenida Central.  Igualmente recuerdo las leyendas urbanas de videos de seguridad en X o Y almacén, o de este y otro dueño de almacén que sí fueron a proteger sus comercios con armas hasta los dientes.

Ya para año nuevo, casi que era business as usual.  Había toque de queda, así que ese año nuevo fue bastante corto.  Recuerdo que fuimos a casa de mi Tía Chela que vivía en Punta Paitilla en ese momento, y que a las 8 de la noche ya estábamos en casa.  Ya Noriega estaba en la Nunciatura, la mayoría de los oficiales de la Fuerza de Defensa se habían entregado o los habían capturado, los batalloneros prefirieron salvar su pellejo a arriesgarlo cuando se dieron cuenta que no hubo un contraataque organizado, y el nuevo gobierno estaba tratando de ver qué hacían.  Recuerdo que había varios soldados haciendo guardia en varios puntos.  Imagino que había quienes los insultaban, pero vi más saludos que insultos.

Como vivía cerca del Jardín de Paz, yo llegue a ver la fosa común.  Recuerdo que estaba al final, llegando al río.  Pasé cuando la estaban llenando, y luego días o semanas después vi cuando empezaron a desenterrar los cuerpos.  Sé que todavía no se sabe cuánta gente murió y por qué.  No se sabe quiénes murieron por balas de los Rangers.  No se sabe cuántos murieron por balas panameñas.  No se sabe cuántos murieron saqueando.  No se sabe a ciencia cierta muchas cosas 25 años después.

Lo que yo le voy a contar a mi hija será lo que yo viví, y cómo yo aprecié y sigo apreciando la historia que vivió Panamá desde 1987, cuando alguien tuvo la iniciativa (no sé si fue valentía) de revelar y confirmar muchas atrocidades y maleanterías que los militares panameños venían haciendo, y comenzó la lucha por regresar a la democracia.  Lamentablemente los panameños no pudimos conseguir como resolver el problema.  Igualmente los intereses de los Estados Unidos se cruzaron con los intereses del nuevo gobierno y fue más fácil pedir una invasión para arrancar con un borrón y cuenta nueva, que secuestrar a Noriega al mejor del estilo Hollywood, o buscar de alguna forma una negociación pacífica para la vuelta real a la democracia.  Digo, una clase de Derecho Internacional y uno entiende por qué el asunto de la juramentación en Fuerte Clayton de Endara, y todo el resto, pero ya sea que lo usen para justificar si fue o no fue necesaria la invasión, es una discusión de nunca acabar.  Llevamos 25 años discutiendo eso y no llegamos a una conclusión que satisfaga a quienes la apoyan y quienes no.

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